DECLARACIÓN CON MOTIVO DEL IXº CENTENARIO DEL RECONOCIMIENTO REAL DE LA ORDEN DE SAN LÁZARO DE JERUSALÉN



DECLARACIÓN DEL MARQUÉS DE ALMAZÁN

La Orden de San Lázaro fue fundada en el S.XII, siendo reconocida mediante documento de donación real por el rey Luis VI de Francia en 1112 y, a continuación, por otros documentos similares de Enrique II de Inglaterra después de 1121 y por el rey Fulques de Jerusalén en 1142.
En 1255 la Orden fue canónicamente reconocida por la Bula "Cum a nobis petitur" del Papa Alejandro IV, como Orden Militar de Caballería bajo la Regla de San Agustín. En 1262 el papa Urbano IV, mediante su Bula "Circa prelatarum jerosolimitanorum" fijó la sede de la Orden en San Juan de Acre, la última ciudad que permanecía en manos de los cruzados en Tierra Santa, bajo la protección y autoridad del Patriarca de Jerusalén, excluyéndola de cualquier otro control episcopal.
En 1607 y 1608, por las Bulas "Romanus Pontifex" y "Militantium Ordinum", el Papa Pablo V estableció la reunión de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, dependiente del rey de Francia Enrique IV, con los caballeros y posesiones de la Orden de San Lázaro en territorio francés.
El Rey de Francia se reservaba el derecho de elegir al Gran Maestre de la Orden.

El Cardenal Legado De Vendôme confirmó mediante la Bula Papal de Clemente IX, "Ludovicus Santae Mariae" de 1688, la reunión de las Órdenes de San Lázaro de Jerusalén y de Nuestra Señora del Monte Carmelo y afirmando que cada una de la Órdenes unidas seguirían manteniendo sus características propias a pesar de su reunión bajo la autoridad apostólica, especificándose y manteniéndose todos los derechos y privilegios que les habían concedido las distintas Bulas de los Papas Pío IV, Pío V ("Inter assiduas Dominici" de 1565), que confirmaba nuevamente y garantizaba los privilegios concedidos y expresados a la Orden de San Lázaro por los pontífices anteriores.
Se confirmaba igualmente el mandato de servicio y atención a los leprosos, la defensa de la Iglesia, que el gran Maestre sería elegido por los caballeros y que dicha elección sería confirmada por el Protector Espiritual, quien gozaría de todo el poder y la autoridad sobre la Orden.
Así mismo la Orden estaría en posesión de los mismos honores, privilegios, exenciones y jurisdicciones que la Orden de San Juan de Jerusalén.br> El mismo Pío V confirmó todos estos puntos en su nueva Bula "Sicut Bonus Agricola".

El 12 de marzo de 1825, un Ministro del Rey Carlos X de Francia, declaró que las Órdenes de San Lázaro de Jerusalén y la de Nuestra Señora del Monte Carmelo se considerarían extinguidas canónicamente tras pasar cien años desde la muerte del último caballero recibido, siempre que la Orden no hubiese sido antes canónicamente reorganizada.
El último caballero admitido legítimamente falleció en 1856, por lo que se abría una cuenta atrás para la reorganización que expiraría en 1956.
En consecuencia, mediante la presente Declaración, y teniendo en cuenta el control y la protección que sobre las Órdenes Reunidas de San Lázaro y de Nuestra Señora del Monte Carmelo ejerció un tiempo la monarquía francesa, se llegó a la Protección del Patriarca Griego Católico Melkita de Antioquía y de todo Oriente, de Alejandría y de Jerusalén, en permanente comunión con la Santa Sede Apostólica, quien solicitó y obtuvo para sí el derecho a reorganizar la Orden y a admitir miembros legítimos bajo su autoridad.

La Protección sobre la Orden de San Lázaro quedó garantizada por el Patriarca Máximos III (Mazloum) en 1841 y continuó bajo sus sucesores, en especial con Su Beatitud Gregorios III, Patriaca de Antioquía, Alejandría y Jerusalén, con autoridad para investir a un Gran Maestre, crear un Gran Consejo Magistral y un Capítulo General, siempre de acuerdo con la Constitución de la Orden.

Hecho en Kevelaer, Alemania, a 27 de mayo de 2012, Fiesta de Pentecostés

Carlos Gereda de Borbón, Marqués de Almazán, y Gran Maestre de la Orden de San Lázaro de Jerusalén.

DECLARACIÓN DE KEVELAER

Con ocasión de esta peregrinación al Santuario de Kevelaer, he querido confirmar, una vez más, la Protección Espiritual del Patriarca de Antioquía y de todo el Oriente, de Alejandría y de Jerusalén, como quedó garantizada en 1841 por su venerado predecesor, el Patriarca Máximos III (Mazloum), sobre la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, que fue continuada por sus sucesores, y especialmente confirmada por el Patriarca Máximos IV (Sayegh) de santa memoria, el 11 de febrero de 1965.
Anteriormente, el 3 de junio de 1911, el Patriarca Cirilo VIII (Géha) había bendecido la moderna reorganización de la Orden.
De acuerdo con todo esto, quiero encomendar y estimular a la continuidad y expansión de la Orden en sus tradicionales actividades caritativas y hospitalarias, trabajando en una dimensión ecuménica, bajo la autoridad y gobierno del Gran Maestre, aquí presente, Su Excelencia Don Carlos Gereda de Borbón, Marqués de Almazán, y del Gran Consejo Magistral, de acuerdo con su Constitución y Estatutos.
Deseo que las buenas relaciones existentes entre la Orden y el Patriarcado Griego Melkita se mantengan e intensifiquen, especialmente en lo que se refiere a una más eficaz ayuda a los proyectos caritativos y hospitalarios del Patriarca y el Patriarcado.
En esta ocasión especial, quiero enviar mi bendición apostólica a todos los miembros de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén. Hecho en Kevelaer, Alemania, el día 27 de mayo de 2012, Fiesta de Pentecostés.

Gregorios III Patriarca de Antioquía y de todo el Oriente, de Alejandría y de Jerusalén.